FODA

Factores clave:
(positivos)
+ Existencia de comunidades de desarrolladores y usuarios de manera creciente.
+ Resistencia a la pérdida de autonomía.
+ Visibilidad de las legislaciones / Intensiones de que atacan las libertades.
+ Mayor exigencia crítica sobre todo en la juventud.
+ Movimiento social y organización social creciente.
(negativos)
+ Dependencia del hardware (equipamiento).
+ Libre Comercio y predominio del mercado (TLC, TPP y otros).
+ Compromiso de las clases dirigentes con la economía de dependencia.
+ Ideología de la competencia (llevada a la Educación y la Cultura).
+ Resistencia al cambio como expresión de conservadurismo.
+ Menosprecio de nuestra identidad.
+ Crisis económica, desestructuración de las economías locales.
+ Grandes monopolios.
Identificación de las fuerzas del entorno (Social, Tecnológico, Económico, Cultural, Pólitico, Ambiental)
+ Ritmos /prisas / Coyunturas / Urgencia.
+ Limitación en cuanto a acceso a la información.
+ Facilidad de acceso al software libre.
+ Políticas públicas de fomento al software libre.
+ Falta de capacitación al software libre.

En la disputa por unas comunicaciones electrónicas libres de defectos planificados, vicios ocultos y políticas de aseguramiento de clientes, los vehículos que utilizamos para almacenar y transmitir nuestras creaciones y colaborar con otras personas son fundamentales. Así puede considerarse a los formatos de archivo que contienen la información que conforma nuestros documentos en texto, hojas de cálculo, presentaciones y otras obras en imagen, audio, video, animaciones, etc.

Se vuelve necesaria la imaginación para pensar en referencias adecuadas para reflexionar sobre este tema. Aunque ésto se advierte difícil porque lo que sucede en el ámbito digital tiene tantos aspectos que no tienen analogía con el mundo tangible.

Trasladar nuestras productos del taller en donde las fabricamos (o de la huerta) al mercado dentro de una misma comunidad, aunque se encuentren a varias cuadras de distancia uno del otro, quizás no requiera el uso de un vehículo automotor, sino de un diablito de carga (como les llamamos en mi país).

Desde luego puede ser que haya necesidades mayores, para las cuales sea necesaria a una plataforma con rodamientos.

E inclusive, podríamos tener necesidades aún mayores o más complejas

y mucha creatividad para resolverlas con nuestros propios medios.

Pero si un actor externo, Estado, corporación, hacendado, terrateniente, se encontrara bajo control de la vialidad por la que transitamos, y desde ese poder y con cualquier pretexto nos prohibiera el uso de alguna de esas alternativas para obligarnos a adquirir un vehículo de carga, traído de lejos por un distribuidor (casualmente, compadre del presidente), cuyo proceso de fabricación nos es ajeno y cuyo mantenimiento exige la importación de refacciones que sólo el compadre vende. Aunque normalmente, todo ello lo desconocemos.

Podríamos decir:
- Bueno, no necesitamos ahora tanta comodidad y funciones, pero quizás pronto, por otro lado, la camioneta puede traernos otros beneficios, se vería bien en la salida de nuestro taller y también tendríamos mejor apariencia al llegar al mercado y descargar ahí. Veamos ¿cuánto cuesta?,
- Y la respuesta del compadre podría ser: cuesta tantos miles; pero descuíden, pueden pagar a crédito. Y debe ser este modelo y no otro, así lo ha decidido la municipalidad.
- ¡Glup!, pero eso significa trabajar dos o tres horas más diariamente por muchos años.
- Bueno, podría decir el compadre, cuando terminen de pagar, encontrarán que habrá un nuevo modelo aún más potente, más cómodo, más bonito, más... y seguro estarán dispuest@s a comprarlo.
- A lo que contestaríamos, ya molest@s seguramente: Pero sólo queremos distribuir e intercambiar nuestras obras y no necesitamos de un vehículo así en última instancia.
- Bueno, nos contesta, si no aceptan, encontrarán que tenemos vigilantes de la vialidad, quienes detendrán su marcha cada vez que falten a las reglas. O bien, pueden evitar las calles principales y más directas para llegar al mercado o pueden dejar de vender en ese mercado.

El cuento no concluye ahí. Pero ahí queda.

Sobre nuestros hombros como trabajadores/as en todo el mundo, pesa la dependencia hacia una de las corporaciones más grandes e influyentes del orbe: Microsoft. Sólo uno de los mecanismos de esa dependencia es obligarnos al uso de su software, sus tipos de letra, sus formatos de archivo y sus estándares impuestos. La dependencia no disminuye con el uso de software "pirata", al contrario se profundiza y agrava con nuevos vicios ocultos introducidos a nuestros ordenadores.

El uso de ese software por parte de escuelas, organizaciones civiles, empresas, instituciones públicas genera un efecto amplificador de esa influencia, entre niñ@s y jóvenes, comunidades, consumidores/as y ciudadan@s. No importa que haya alternativas técnicas que cumplan con eficacia y funcionalidad.

Por años hemos pensado que la lectura adecuada de nuestros documentos depende del nivel de compatibilidad con el software hegemónico (Office de Microsoft o MS Office), y con ello asumimos que si no hay una lectura adecuada de los documentos de Microsoft Office que posibilite la edición y presentación también adecuadas de contenidos, entonces es porque las otras aplicaciones como OpenOffice, Calligra o más recientemente LibreOffice, entre otras, fallan pues "no tienen el nivel de desarrollo suficiente todavía".

Falso, el problema central es que Microsoft no está dispuesta a comprometerse con la Interoperabilidad de sus programas con otros sistemas y ajustarse al Estandar Abierto para ODF (Open Document Format). Aún cuando podría hacerlo sin restricciones legales y sin costos por pago de regalías. En ello le va el control que ostenta sobre la población.

La siguiente tabla muestra lo que Microsoft no está dispuesta a ceder frente al Estándar Abierto. Creemos que nosotr@s podemos decir sin temor a equivocarnos: No queremos compatibilidad (si ésta significa que los proyectos libres se sometan a las políticas de Microsoft), en cambio demandamos interoperabilidad Y si esta condición no se acepta (como hasta ahora), entonces nos sacudimos la dependencia:

sustituímos el uso de los tipos de archivo de Microsoft (docx, xlsx, pptx) por aquellos que corresponden al Estándar Abierto ODF (odt, ods, odp).
al tiempo que dejamos de utilizar MS Office e instalamos LibreOffice (o alguna alternativa libre) y así lo promovemos en nuestro entorno, entre colaboradores/as y aliad@s.
y luego, con base en la experiencia colectiva adquirida, promovemos el cambio de sistema operativo a una opción libre. Tal y como lo ha proyectado El Ayuntamiento de Barcelona, bajo el liderazgo de Francesca Bria. Y lo ha planificado y lo concreta Damaris Rivera en Nicaragua, entre varias de las organizaciones participantes en CTAM. Quizás la clave para que nuestra comunidad y nuestro entorno compartan esta premisa es tener presente que en los Estándares Abiertos existe un acuerdo no sólo técnico, sino político de convivencia -que no es nada fácil de alcanzar, pero que se ha logrado ya en muchos ámbitos tecnológicos- sobre la base del respeto entre actores, culturas, sociedades.
LibreOffice es Software Libre y aunque es gratuito instalarlo, tiene un gran valor, respaldemos su mejoramiento. Algún día nuestros pueblos dejarán de ser sólo consumidores cautivos y aportarán su propia creatividad a estas herramientas construídas cooperativamente, no optaremos más por el pickup truck sino somos partícipes de su diseño, sino lo conocemos, controlamos y podemos mantenerlo y alargar su vida útil, no optaremos por el pickup truck de la dependencia y el consumo alienado. Menos optaremos por ello, si en primera instancia, ni siquiera lo necesitamos.